Apostaba todo por esto, lo di todo y más de lo que me permitieron las fuerzas. Le quise, le quise a más no poder; para que voy a mentir aqui, aún le quiero. Una reacción por su parte sería suficiente. Ni siquiera eso. ¿Qué nos queda de esto?
Sin embargo hay algo que me ha caracterizado siempre, no he dejado de luchar desde que tenía 9 años de edad, por circunstancias de la vida. A día de hoy no pienso dejar de hacerlo, está claro. Es la base de unos principios claros.
No es que haya dejado de quererle, ni mucho menos... aunque duela lo que más me gustaría en este momento sería no sentir absolutamente nada por él.
Tampoco sé si hice lo correcto. Lo único que sé es que estoy luchando por salir de este agujero. Las mínimas esperanzas que tenía sobre su reacción, una demostración sencilla de que aún soy importante para él, se apagan, se apagan cada vez más y lo único que a mi me queda es no pensar. Respirar hondo y sentirme libre. Hay momentos duros en todo esto... no sabes que estará haciendo, cómo estará él... pero son esos momentos los que me explayo aqui escribiendo o cojo la bicicleta y me voy, al fin del mundo si puede ser. Y cada pedalada es un acierto, un avance en mi camino, una demostración de que soy más fuerte de lo que imaginé. Respirar ese aire y por primera vez, no pensar. En nada. Sólo ir rápido, llegar cuanto antes, abrir bien los ojos y descubrir el mundo, evadirte y no sentir, no querer. No pensar en nada. Y llegar a la cama y dormir, sin pensar en nada hasta que llegua de nuevo la cruda realidad.
Lucharé siempre, por que es lo único que me queda de todo esto.