Llegué aquí un 1 de octubre de 1992, hace cinco meses, tras haber perdido a mi familia. Veraneábamos en nuestra casita de la sierra como todos los años y la madera ardió tan rápido que a los 15 minutos ya no quedaba nada. Después de ver los cuerpos calcinados de mi esposo y mis dos hijos pequeños, entré en estado de shock y un mes después desperté aquí. No recuerdo nada y cada vez que intento hacerlo, esa nube gris aparece y se instala en mi cabeza evaporando una mañana que comenzó con los chillidos de Claudia mientras le desenredaba el pelo; y los de Juan acerca de porqué su corbata seguía sucia. Recuerdo que tras lavar la corbata de mi marido y dejar a los niños a su cuidado, olí un fuerte olor a gasolina que provenía de arriba y diez segundos después, la casa estaba ardiendo. Conseguí salir porque estaba limpiando el trastero.
– Pero, en el informe de ayer aseguraba usted haber ido a comprar al supermercado antes de arreglar el trastero.
– No, primero arreglé el trastero, luego fui al supermercado.
– ¿Qué compró en el supermercado?
– Gasolina.
– ¿Para qué quería la gasolina?
– Para el coche pero yo… creo que rocié primero el suelo y luego bajé a limpiar el trastero.
– Está bien, voy a ponerle un calmante. Este es diferente a los anteriores, seguro que se encuentra usted mucho mejor.
Mientras la enfermera inyectaba el nuevo tratamiento a la paciente, Claudia no podía evitar sentirse decepcionada consigo misma por fracasar una vez más. Solo esperaba que su madre evitara volver a ese incendio provocado de su imaginación y recuperara la cordura después de 30 años.
– No, primero arreglé el trastero, luego fui al supermercado.
– ¿Qué compró en el supermercado?
– Gasolina.
– ¿Para qué quería la gasolina?
– Para el coche pero yo… creo que rocié primero el suelo y luego bajé a limpiar el trastero.
– Está bien, voy a ponerle un calmante. Este es diferente a los anteriores, seguro que se encuentra usted mucho mejor.
Mientras la enfermera inyectaba el nuevo tratamiento a la paciente, Claudia no podía evitar sentirse decepcionada consigo misma por fracasar una vez más. Solo esperaba que su madre evitara volver a ese incendio provocado de su imaginación y recuperara la cordura después de 30 años.