-
¿Y si yo me
convierto en pluma?
-
Yo me
convertiría en pájaro
Anoche, volví a jugar contigo al ¿Y si?
Por unas horas, me volví viento y salté por la ventana. Fui a ver el
mar, a aquella playa nuestra en la que confundía tus manos con la arena y la
sal. Y el calor que desprendía tu piel abrazando mi cuerpo desnudo, llevo de
vida y de libertad.
Pero eso era anoche, ya no soy
viento. Soy roca. Sí, y las sabanas lija y sudor. Y toda yo una piedra. No
respiro. Otro día más. Aguanto lo máximo posible y no respiro pero acabo
haciéndolo extasiada por mi propia asfixia. Maravillosa sensación la de que te
falte el aire. Quizá la mejor después de tu olor. Estás aquí y me abres la
ventana, como todas las mañanas. El aire frío me golpea la cara y abro los
ojos. Me odio por no identificar tu tacto con el de la áspera esponja. Me
sonríes. Estás hablando. No te oigo. No quiero oírte. Te odio, te odio porque
ya ni te inmutas cuando me ves desnuda. Me estás mirando y me convierto en
algodón. Te odio. Me estás hablando. No te oigo. Y me vistes. Y me enfundas la
camisa que me oprime el pecho, que no me deja respirar. Me ahogo. Quítamela
como en la playa de nuestros sueños. Me asfixia. Está fría. Y ahora esos
horribles pantalones azules. Son lo más anti erótico que yo haya visto y anchos.
Cabría otra como yo y sin embargo me aprietan, me estremecen. Y ahora me
peinas. Y después te marchas dejándome en mi silla, cerca de la ventana. Ya no
te huelo, huele a la colonia barata que me has echado. Has vuelto y estás
delante de mí. El sabor a madera me produce arcadas. Aguanto el lápiz y
escribo.
-
¿Y si yo
me convirtiera en sangre?
Ya no sonríes. Lo borras y
escribes te quiero y ya has salido de la habitación. Y yo, soy de nuevo una
piedra. Y de nuevo intento no respirar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario