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Me he enamorado de ti – eso es lo
primero que me dijo.
Dos
meses con él y estaba profundamente enganchada. Se largó a los cuatro,
dejándome en la mierda más absoluta y al cuidado de una madre que se dio de
bruces con una realidad cubierta de polvo blanco y miradas perdidas en lugar de
encontrar a una hija graduada en marketing y con todos los dientes.
Fueron
meses horribles. El monstruo surgía con fuerza y conseguía que hiciera lo
imposible por un gramo. Pero esa mañana fue diferente. El olor a lentejas que
provenía de la cocina me trasladó a un pasado en el que era feliz. Fui a la
cocina y probé mi plato favorito. En esos pocos segundos supe que quería salir
y esa sensación recorrió todo mi cuerpo. Entonces empezó a oler a quemado y la
puerta estaba cerrada con llave. No sé por qué pensé en ese momento que a mí
nunca me había querido nadie.
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